Relato · Grupo Mangayú
Mangayú significa brasero en lengua maleku: las últimas brasas que aún guardan calor. Así se llama este grupo porque su trabajo es mantener encendida la memoria de Upala antes de que se apague.
Nos reunimos en la casa de don Tito Somarribas, alrededor de una mesa larga de madera. Allí conversan Nacor Orozco, historiador; Tito, poeta; y Luis Eduardo Quesada, cantautor. Sus voces se entrelazan con naturalidad, como si la historia se contara sola.
Hablan de los ríos que dieron origen a los pueblos, de las casas de palma y tambo levantadas para resistir la humedad, de los candiles que iluminaban las noches, de los turnos, la alimentación, la fe y la educación. Relatan cómo Upala se formó a partir de tres grandes sustratos poblacionales:aborigen, nicaragüense y costarricense; sin que ninguno se impusiera sobre el otro.
Para Mangayú, la memoria no es nostalgia: es un derecho. Recordar es una forma de cuidar el territorio, de fortalecer la identidad y de dejar un legado para las nuevas generaciones.